martes, 8 de julio de 2008

Entre tequilas y baños


Con esto de los pases nocturnos hay que aprovechar el tiempo al máximo, ¡y vaya que si lo hago! Primero empecé con algo suavecito: Los mojitos del restaurante de México. Como son tan simpáticos y con ese acentillo tan gracioso, me lo paso pipa con ellos: "Mijita, vámonos por ahí a pasarlo reebien". Y así lo hicimos... De allí, a los pabellones del Caribe donde nos ofrecieron rico ron dominicano y bailamos un poco de reagetton al ritmo de "Pásame la botellaaaaaaa...".

Después de unos bailes lo que nos apeteció fue ir a la terraza del Acuario, porque mis amigos mexicanos tenían pase Vip, porque sino está bastante difícil la entrada. Una vez en la azotea, entendimos porque estaba tan solicitado este enclave: Allí arriba sopla el aire nocturno que refresca el caluroso ambiente de las noches expositivas. Así que disfrutando de la noche a la luz de las velas, y de la luna, comenzamos a hacer guerra de chupitos de tequila.

La cosa se desmadró y acabaron por echarnos de la terraza y por ponernos de patitas en la calle. Una vez a ras de suelo, y con el calor otra vez, nos metimos en el estanque de detrás del Acuario y montamos otro espectáculo. La gente que se arremolinaba al vernos dentro del agua, poco a poco se fue animando. Así que al final éramos cerca de cien personas chapoteando como niños al son de la canción de Amaral que anunciaba el cierre del recinto. Hasta que de repente vino la policía, pero como no podía detenernos a todos, nos obligaron a desalojar la zona. Y ya metidos en materia, no se nos ocurrió nada mejor que terminar la noche en el Ebro. ¡Menuda aventura!

lunes, 7 de julio de 2008

Mi marido tiene celos


¡Ay, qué bochorno pasé cuando mi marido, Fluvo, justo vino a la Expo y me pilló bebiendo sidra de pera en el Pabellón Puente, cantando esa saeta! Primero lloré, luego me reí, luego me mareé, luego le pregunté a mi marido qué hora era. ¡Un horror!


Fredo, el hombre sin cabeza, quiso presentarse pero Fluvo dijo que jamás había hablado con nadie sin cabeza y que hiciera el favor de ponerse un sombrero o algo. Fedro se fue cabizbajo... o todo lo cabizbajo que se puede ir un hombre sin cabeza.


"Marifluvi, a casa ahora mismo", dijo mi marido. Y paró un taxi y yo dije la dirección y nos costó todo 190 euros y mi marido casi se desmaya. "Pero qué cara es esta ciudad". No sabía que yo vivo en Huesca. Subimos como pudimos las escaleras y yo ya no me acuerdo de más.


Al día siguiente, Fluvo estaba en la cocina diciéndole a Anjelica, mi otra compañera de piso, que no enseñara los pechos tanto por ahí, que "si todos veían la mercancía nadie se querría casar con ella". Anjelica dijo "señorrrr usted que antigua no?" y se rió y le botaron las tetas y Fluvo se puso todo colorado y yo me tomé un café y me quedé callada, porque no tenía ganas de nada. Anjelica se fue luego y nos quedamos solos en la cocina.


"Marifluvi, cuál es el nombre de tu amante", me preguntó. "¿Qué amante?", contesté yo. "El que no tiene cabeza", dijo él. Y cada vez estaba más enfadado y yo no sabía que decir porque a Fredo solo lo había visto dos veces en la vida y eso de no tener cabeza siempre lo había visto un poco raro y me daba como repelús. Mi marido estaba todo enfadado y yo me enfadé un montón y me callé y no le dije que se equivocaba. ¡Qué se chinchara por aguafiestas!

domingo, 6 de julio de 2008

El mundo en un quiosco

Esteee... sigo con la resaca de la celebración futbolera, pero hoy soy una naranja contenta, a pesar de los sustos. No sólo por la sobredosis de pelota, que aún me dura. La Expo me recuerda a mi tierra, y no precisamente por los tangos ni el dulce de leche. Como contó alguna vez mi compatriota Hernán Casciari, en la Argentina tenemos un quiosco cada veintisiete metros, más o menos como en el meandro de Ranillas. No hay cosa que a uno le ponga más contento que sentirse como en casa.


En cuanto se me seca un poco la hoja de la cabeza, se me amarga el zumo o me sube la acidez, hago fila pacientemente y me tomo una cervecita en el quiosco. Eso, si consigo llegar a la barra, porque a veces hay unas señoras con unos gorros de papel en la cabeza -yo creo que necesitan ver a mi psicoanalista- que se quejan mucho y se cuelan al mismo tiempo, aprovechando que cada día soy más retaco (cosas de la edad y los vicios).

Para más señas, me he fijado en que, cuando reprendo a estas visitantes (nunca van solas; son animales gregarios), siempre me contestan empezando por la palabra "jomío": "Jomío, que estamos achicharradas", o "jomío, que nos ha entrau la sed". No sé qué quieren decir, pero me suena mal. ¡Serán ellas las "jomías"! ¡A Maranjito no le falta nadie al respeto! Pero bueno, cuando me tomo mi cervecita se me olvida, y eso que la etiqueta no empieza por "Quil" ni acaba por "mes". En vez de un melocotón con vino, soy una naranja a la cerveza.

Lo que ocurre es que sus quioscos no son como los nuestros, así que la sobredosis no se disipa del todo. En los quioscos de la Argentina uno encuentra cualquier cosa. Son como lo que aquí llaman "los chinos", que me parece mucho más confuso. Como dicen ustedes, los de la Expo "me alivian el reseco" y también el hambre, pero no solucionan todas las necesidades que le surgen a uno en semejante jungla. Les termino de contar.

Como el mercado futbolero de verano está de lo más aburrido y ya no puedo ir a visitar a las frutas del pabellón de Aragón, que duermen la mona durante el día y sólo salen a regarse un cuando cae el sol, no me queda otra que pasearme todo el día por el recinto, que es enooorme, como la Argentina. El otro día me atreví a subirme a las escaleras mecánicas, que son un gran invento para los cítricos con sobrepeso. Pero tuve tan mala suerte que sufrí un arañazo en la tripa. De no ser por mis reflejos, me habría quedado en ralladura de naranja. Si sus quioscos fueran de verdad, habría comprado allí las tiritas.

viernes, 4 de julio de 2008

¡Aguafiestas!


Justo ahora... justo cuando empezaba a disfrutar de la Expo y me iba de juerga con Fredo, el hombre sin cabeza, y con Anjelia, la pilingui... decide mi marido que quiere ver "qué es esa bobada de la Expo".


A mí no me gusta tener un marido cabezota y memo que se enfada porque su hijo prefiere ser mascota de una Expo en lugar de logotipo de una cadena de supermercados, la verdad. Pero pasado el primer disgusto y después de venir sola a Zaragoza... ya me había acostumbrado a tenerle lejos durante unas semanas. Hasta que el muy burro decide venir a verme y me pilla cantando la saeta asomada al Pabellón Puente bebiendo sidra de Pera.


"Fluviana, baja inmediatamente de ahí", se oyó a lo lejos. Y yo pensaba que todo era producto de la sidra y venga a reír y a reír y le digo a Fedro "¡qué bien imitas a mi marido!" y él me dice "yo no he sido, que no tengo boca" y yo venga a reír y se oye otra vez: "Fluviana, pareces una mamarracha y te va a detener la Policía" y yo dije: "Pero si ya me han detenido por ladrona" y entonces miré y vi que era Fluvio, mi marido, mirándome con cara de malas pulgas.


Justo bajaba del Pabellón Puente cuando llegó un grupo de niños y confundió a mi marido con Fluvi y gritaban "por fin hemos encontrado a Fluvi, llevábamos buscándolo ocho días y aquí estaba" y querían hacerse fotos y una niña con coleta le hizo cosquillas a mí marido y entonces él empezó a decir palabrotas y los niños y los padres se quedaron con la boca abierta. A mí se me pasó la risa y me bajé del Pabellón Puente. Miré a mi marido de pies a cabeza, tomé aire y solo dije una palabra:


"¡Aguafiestas!"

jueves, 3 de julio de 2008

Olé, ole y olé, la mejor cura para la resaca


Por fin he “podío” levantarme de la cama….
Tras varios días de resaca conseguí acercarme a la Expo y continuar mi ruta turística. ¡Es que no se puede beber tanto! Después de la final de España contra Alemania me bebí el Guadalquivir y acabé en el Ebro… Los paseantes que recorrían la pasarela de La Almozara pensaban que era un pato que había perdido el rumbo.

No puede ser, ni Jesulín en sus buenos tiempos se corrió una juerga más grande que “el Currito de Jeré” con la Eurocpa y para colmo me encontré con Maranjito. Total, un desfase. Me he levantado esta mañana y no sabía en qué día estaba. Pero, ¿hoy no era lunes?

¡Qué va!, me dijo una palomita que pasaba por ahí, es jueves y viene ¡Felipe! ¿Qué Felipe?, ¿el hermoso? Una lástima, era Philippe de Bélgica… yo pensaba que podría por fín sobrevolar al Príncipe de Asturias, pero lo dejaré para otra ocasión.

Así que tras la conmoción cerebral de la resaca me lancé a probar una nueva experiencia, el agua. Bueno, en la Expo del agua no debe ser raro encontrar este líquido elemento... Efectivamente, en el Meandro de Ranillas hay más agua que en el Mediterráneo. Visité muchos pabellones que contenían lagunas, lagos y cascadas y finalmente encontré mi lugar junto a un chiringuito viendo a unos jugar en una fuente laberíntica. Tanto verles saltar y correr me cansé y decidí visitar un edificio con una enorme cascada que, me dijeron, era el Acuario Fluvial.

¡Una maravilla! Al principio me agobié porque mi elemento es el aire, pero después descubrí el encanto de esos enormes tanques y esas selvas y bosques que decoran el interior... Cuando distraídamente me quedé embobado viendo unos peces una señora exclamó “¡Uf serpientes!”. ¡Nooooooooo qué horror!, en ese momento terminó mi viaje acuático me lancé a volar por la ventana más próxima y acabé en un chiringuito la mar de “salao” en la azotea del lugar… Allí aposenté mis coloridas plumas y decidí terminar con mi resaca a base de cervecitas ¡y olé!

miércoles, 2 de julio de 2008

Sequía


¡Vaya bochorno! Esta ciudad es difícil, difícil, con un clima complicado para quienes estamos siempre pendientes de nuestra imagen. Hoy he optado por un polo tenista de última generación, no muy bien entendido por los ajenos a los que asustan los grandes números y las letras y unos pantalones de hilo gordo, frescos, claro. Pero ¡qué saben ellos de moda! Lo distinguen bien los “gorilas” de las autoridades, siempre pendientes de que no se acerquen los curiosos demasiado a las personalidades. Los más fashion fueron los de Alberto de Mónaco, que enseguida se dan cuenta de quien es quien y dejan que su señorito salude con elegancia y se mezcle con el pueblo llano. Otra cosa son los que vienen con el ministro de jornada, como los que acompañaban a la ministra/miembra de Igualdad. Tan mona ella.


Pero, a lo que iba. Me voy al centro de prensa a fisgar y a ver si veo a algún figurón de la radio y la tele. Nada. Sequía total; solo hay currelas en camiseta, chancletas y bermudas. Bicicleteros y muy jóvenes ellos. Nada. Ni Ana Rosa, ni Francino, ni Carlos Herrera, ni siquiera Losantos; ni Matías, ni Piqueras que tan bien conoce esta ciudad de sus rondas hace años cuando andaba de novio de… (no, no lo soltaré).


Ya se han olvidado todos de este evento. Yo tan de sport-cassual para epatar y nada. Claro, como están ya a punto de las vacaciones no hay manera de arrastrarles hasta aquí. Menos mal que aún nos queda el heredero de Japón, aunque sin señora que sigue deprimida.
En esto que me da un sofocón y busco en la sala de prensa un surtidor de agua ¡Nada! Todo vacío. Ni siquiera botellines para estos sufridores. Nada, solo colacaos y refrescos y cafés de paganini. Es un despropósito que en esta Expo del agua no haya agua para los que trabajan. Pero, como todo llega, casi al mediodía aparecen los aguadores-expo y traen los botellones con el regocijo general y los aplausos irónicos del personal. Claro que les han tenido más de 24 horas secos…

martes, 1 de julio de 2008

Viajar por viajar


Hoy no me apetecía andar desde casa hasta la Expo y me he encontrado con un amable chico que iba subido en una especie de cochecito-bicicleta que me ha animado a cogerlo. En un principio creía que era gratis y me ha parecido fantástico. Luego, cuando hemos llegado a la Puerta del Ebro me ha dicho que tenía que pagarle, pero ha sido tan majo conmigo durante el recorrido y he visto la ciudad tan bien, que le he dado los 'euricos' encantada. Hay que ver lo simpáticos que son los mozos en esta ciudad. ¡Así da gusto!


Una vez en el recinto, me he pasado a ver las novedades de Ikea en el pabellón sueco para terminar de amueblar mi piso, pero no me han convencido, además parecían todos muy serios. Así que me he ido a dar una vuelta por Malasia, donde me he comprado unos pantalones de colores muy vistosos para el verano. No quiero pasar desapercibida y creo que he encontrado el arma perfecta. Además, he participado en el sorteo de un viaje. Ojalá me toque y así pueda seguir recorriendo mundo. Pero como de momento solo puedo verlo en la Expo, he seguido paseando por el recinto soñando con poder visitar todos estos sitios algún día...

 
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