Después de unos bailes lo que nos apeteció fue ir a la terraza del Acuario, porque mis amigos mexicanos tenían pase Vip, porque sino está bastante difícil la entrada. Una vez en la azotea, entendimos porque estaba tan solicitado este enclave: Allí arriba sopla el aire nocturno que refresca el caluroso ambiente de las noches expositivas. Así que disfrutando de la noche a la luz de las velas, y de la luna, comenzamos a hacer guerra de chupitos de tequila.
La cosa se desmadró y acabaron por echarnos de la terraza y por ponernos de patitas en la calle. Una vez a ras de suelo, y con el calor otra vez, nos metimos en el estanque de detrás del Acuario y montamos otro espectáculo. La gente que se arremolinaba al vernos dentro del agua, poco a poco se fue animando. Así que al final éramos cerca de cien personas chapoteando como niños al son de la canción de Amaral que anunciaba el cierre del recinto. Hasta que de repente vino la policía, pero como no podía detenernos a todos, nos obligaron a desalojar la zona. Y ya metidos en materia, no se nos ocurrió nada mejor que terminar la noche en el Ebro. ¡Menuda aventura!






